INTELIGENCIA LÍMITE, ¿QUÉ ES?

La Inteligencia Límite y la Discapacidad Intelectual Ligera son dos tipos de discapacidad intelectual.

La discapacidad intelectual implica una serie de limitaciones en las habilidades que la persona aprende para funcionar en su vida diaria y que le permiten responder ante distintas situaciones y lugares. La discapacidad intelectual se expresa en la relación con el entorno. Por tanto, depende tanto de la propia persona como de las barreras u obstáculos que tiene alrededor.   

(Definición obtenida de la página web de Plena Inclusión)

Las personas con Inteligencia Límite se caracterizan por tener un CI situado entre 70 y 85, siendo la media entre 85 y 115, justo por debajo de lo que considera la OMS dentro de la normalidad.

En el caso de las personas con Discapacidad Intelectual Ligera, su CI se sitúa entre 55 y 70. Las características generales son las mismas para ambos colectivos, diferenciándose únicamente en la intensidad de los apoyos que precisan para obtener un buen grado de autonomía en las actividades de la vida diaria. 

Ambas presentan déficit en la capacidad adaptativa al menos en dos de las siguientes áreas; comunicación, cuidado personal, vida doméstica, habilidades sociales/interpersonales, utilización de recursos comunitarios, autocontrol, habilidades académicas, trabajo, ocio, salud y seguridad. Dichas dificultades deben manifestarse antes de los 18 años. 

CARACTERÍSTICAS GENERALES

 

Las personas con inteligencia límite son tan diferentes entre sí como las que no presentan este tipo de limitación.

 

A nivel general:
Sin rasgos físicos aparentes. Esta aparente “normalidad” tiene ventajas y también inconvenientes: les hace sentirse incomprendidos por familiares, a veces por profesionales, pero sobre todo por parte de las personas con quienes establecen relaciones secundarias.
Desfase entre su edad cronológica y su edad mental. A partir de la adolescencia, se hace más evidente la disonancia de capacidades e intereses con personas de la misma edad.
Falta de iniciativa y limitada capacidad para generar mecanismos racionales que les permitan la resolución de situaciones cotidianas.

Poca capacidad creativa que les impide adaptarse con éxito a situaciones novedosas.
Dificultad en la toma de decisiones y en la resolución de conflictos.
Dificultades en psicomotricidad (fundamentalmente en psicomotricidad fina).


A nivel social:
Déficit de habilidades sociales.
Dificultades en las relaciones afectivas: relacionarse con las demás personas, hacer amigos y conservarlos, tener pareja y formar una familia.
Dificultades en la asunción de algunas responsabilidades consideradas propias de personas adultas: desarrollo de rol de padre o madre, control de recursos económicos propios y buscar trabajo.

Falta de iniciativa e improvisación, fuera de sus hábitos.
Dificultad en la organización del tiempo libre.


A nivel psicológico:
Vulnerabilidad emocional.
Baja autoestima.
Baja tolerancia al fracaso y la frustración.

Más probabilidad de presentar cuadros de ansiedad y/o depresión, miedos, etc.
Inseguridad.

 

 

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